De la pluma de Mario Conde, y a mucha honra

¿Qué fregados es esto?

'Pokémonear': verb. 1) acción y efecto de hacer algo relacionado con o relativo a Pokémon; 2) acción y efecto de cumplir una adicción a "Pokémon" como si de un psicotrópico se tratase; 3) perder el tiempo en actividades relacionadas a Pokémon.
Artículos de interés para el entrenador Pokémon novato y veterano. Chistes, reseñas, historia pokémon, datos curiosos, lo que se me ocurra.
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lunes, 5 de marzo de 2012

Mi equipo en - Ruby Version

CONDE
ID - 33945
No sé de qué privilegios goza, pero es quien más se pone a la altura de Azul. Llegamos al mismo tiempo a liga y de inmediato brilló por su buen gusto. Es el "noble". Le gusta bocetear versos en sus victorias y humillar entre aforismos a sus derrotados.
La inteligencia lo hace insufrible y a la vez maestro. Si no hubiera llegado con aires de hacerse valer, quién sabe cómo nos habrían recibido (finalmente, nosotros somos los de "la ruptura").

Cada vez que llega alguien nuevo, Azul pregunta su nombre y el nombre de su pokémon inicial. El torchic nombrado como un poeta inglés fue la mejor carta de presentación, de ahí que el reto fuera completar la pokédex y nombrar a cada uno con el nombre de un escritor. Por ahí un pintor, un compositor, pero conocer 386 nombres es ya un reto intelectual suficiente para que Azul le tomara aprecio. Aprecio, mas nunca confianza.



#257 - Blaziken
ROCHESTER



#269 - Dustox
GARRO



#286 - Breloom
TOLKIEN



#279 - Pelipper
CHEJOV



#282 - Gardevoir
TIRSO



#289 - Slaking
BUKOWSKI


#383 - Groudon
D LA BARCA



martes, 28 de febrero de 2012

Proyecto P - Capítulo IV


Capítulo IV
Una reta es una reta



30 horas antes.

—¿Y si pierdo? Me los va querer cobrar a mí.

—¡No! Te digo que al que yo vi no le quitaron nada.

—En lugar de estarlos viendo te hubieras apurado, tenía un montón de sed.

—Pues me hubieras acompañado por las cocas.

—¿Y quién cuidaba los DS?

El timbre sonó en todo lo ancho del patio.

—Ah, maldición, ¿ya ves? Ni terminamos.

—Bueno, me desconecto yo, ¿pero entonces? Les dije que a la salida.

—Es que no puedo llegar tarde, a mi mamá no le da confianza.

—¡Pues por eso, los acabamos rápido! Ándale, ándale, ándale, di que sí, di que sí, ¡rápido! ya me tengo que ir.

—Órale.

—¡Nos vemos a la salida! —y Roberto se echó a correr hacia los salones de segundo grado. Pedro lo vio pasar a lado de la maestra de Física y se resignó a pasar las próximas dos horas oyéndola hablar del Sistema Internacional de Medidas.

Se apartó de la puerta en el momento en que entraban a empujones varios de sus compañeros, usando los suéteres cafés de cinturón o látigos; reían con la cara brillante y el cabello húmedo. Pedro adivinó que habían ganado la reta contra los del grupo C.

Él no jugaba con ellos y esto no le molestaba. Llevaba casi dos meses en el Distrito Federal y ya era conocido en todo el grupo por sus gustos extraños: manga, animé, juegos de cartas y, claro, pokémon. No encontraba mucha compatibilidad en salir a jugar fútbol con los demás, y ciertamente no le hacía gracia cuando corrían por todo el patio, suéteres en mano, cazando a algún desafortunado que, apenas se detenía, era víctima de un castigo general disfrazado de juego.

Pedro era, la mayoría de las veces, simplemente ignorado. Y era lo mejor. Se mudó con su familia desde Reynosa por asuntos del trabajo de su padre que, todo el tiempo les repetía (y en ello era muy puntual), no tomarían más de año y medio. Además, por todos aquellos con los que no había hecho buenas migas, hubo uno que le hizo plática desde el primer recreo que lo vio jugando en su consola.

Roberto era un año menor que él, y si Pedro se consideraba hiperactivo, el otro tenía una imaginación de vértigo. Al segundo día, ya se estaban retando para ver qué tenía que ofrecer un entrenador de Tamaulipas contra un capitalino, y su amistad quedó sellada desde el momento que vieron que ambos jugaban la versión Negro.

Avanzaba la clase y el aburrimiento de Pedro, lo que le ponía más ansioso de un duelo. Nada eliminaba la pequeña cosquilla de imaginarse regañado por llegar tarde a casa, pero una reta era una reta y un verdadero entrenador, pensaba para sí, no se podía negar a esas cosas. Mucho menos porque Roberto le había contado que eran dos retadores nuevos pero muy buenos, y por eso pagaban cien pesos al que pudiera vencer a uno de ellos.

Entonces repasó la estrategia en su cabeza. A veces sentía un atisbo de culpa, podía memorizar las estadísticas de su equipo, sabía entrenar pokémon como muy pocos, conocía las naturalezas más favorables, pero las cosas en el pizarrón simplemente se le pegaban poco a la cabeza. Carecían de interés para él.

Una reta era una reta.







Química, Historia, dos horas de Taller eléctrico. Salida.

La puerta de la secundaria se abarrotó de estudiantes alegres, suéteres a la cadera, fotografías de celular, empujones, refrescos semi vacíos, mensajes de texto, gritos, insultos, apodos.

Afuera, una avenida poco transitada de carriles estrechos con un límite de velocidad de 20 km. por ser zona escolar y un camellón con juegos tubulares, columpios y bancas eran el escenario para que los alumnos distendieran el hastío de las clases; no se hizo esperar el regocijo del viernes, y varios grupos platicaban alrededor de bocinas conectadas a celulares, comían frituras o aprovechaban la ausencia de coches para jugar con los balones que no les habían confiscado en la escuela.

Apenas cruzó el umbral hacia la calle, Pedro vio a Roberto que lo saludaba entre brincos a orillas del camellón. No alcanzó a estar cerca de él cuando el niño echó a correr hacia una banca a la sombra de un eucalipto, donde un pequeño grupo estaba reunido, brillando entre los demás por su calma y aparente inactividad. Todos tenían inclinada la cabeza. Pedro adivinó que miraban consolas.

El centro de la atención eran dos muchachos que habían remplazado el suéter y la camisa del uniforme por playeras de manga corta, uno de negro y el otro de blanco, los mismos colores de los paliacates que llevaban a la cabeza. Los dos muy serios, concentrados en el juego y sobretodo nerviosos. A cada momento secaban las manos en la rodilla del pantalón, y mientras los retadores o sus amigos soltaban algún comentario, una risa o una burla, el único amigo que ellos llevaban se limitaba a dar anotaciones del tipo “ya sabes qué hacer”, “acuérdate” o “no me digas que no se te ocurrió” con un tono demasiado rudo para lo pequeño que era.

Pedro intuyo que ese chico de sudadera amarilla debía ser de primer año.

—Fuera —dijo el niño apenas con una sonrisa, cuando el chico de blanco terminó el duelo—. Gracias por participar, amigo, pero hoy no te llevas el dinero.

—De no ser por ese güey ni hubieras ganado —dijo el derrotado con rencor, señalando al niño de amarillo.

—Y si le hubieras ganado, ni te hubiera importado que “éste güey” le hubiera dicho qué hacer, ¿no? Pues órale, ábrete. ¿Quién sigue?

—¡Nosotros! —gritó Roberto.

—¿Los dos? —después de una revisión rápida, el niño se volvió hacia el chico de negro—. ¿Ya mero?

Pero el otro se llevó una mano a la cabeza mientras su contrincante celebraba con los demás. Había perdido. Sin esperar más respuesta o explicación, el niño sacó un billete de cien de la sudadera y se lo alargó al retador.

—¿Me dejas ver tu equipo? —preguntó sin mayor intención. El otro cambió la consola por el dinero. Amarillo capturó una imagen del equipo con la cámara de su celular y devolvió el DSi a su dueño—. Gracias. Bien peleado.

Pero dejó salir una nota de rencor al final de la frase, con la mirada fija al chico de negro. Éste trago saliva y susurró “perdón”.

—Van contra ellos dos —sentenció el niño, y luego apuntó a Roberto— tú vas contra Negro, tú contra Blanco.

—Nos vas a pagar si ganamos, ¿verdad? —Roberto sacó su consola emocionado. El niño lo vio con desprecio y rió negando con la cabeza.

—Bueno, pues nada te cuesta contestar, ¿no? —le espetó Pedro.

—¿Cómo te llamas? —fue la respuesta del niño.

—Peter. Bueno, así me dicen, obvio soy Pedro —y le extendió la mano.

—No quiero saber cómo te pusieron tus papás, sino cómo te llamas —el otro ni siquiera miró la mano de Pedro—. En el juego, pues.

—Ah. Petunco. El “Pet” viene de Peter, y es que mis amigos allá en…

—Hasta ahí, no te pregunté más —demasiado despótico para ser un niño tan pequeño—. ¿Y tú?

—Beto.

—¿En el juego? Qué original —dijo el de amarillo con un paquete de chicles en las manos. Acto seguido, mascaba algo blanco e instaba a sus compañeros a jugar—. Sí, son cien al que gane. Y más les vale a ustedes dos que no me vaya con doscientos pesos menos.

—¿Batalla triple? ¿Qué tal? —Negro y Blanco asintieron al mismo tiempo. Y cada uno empezó la batalla por su lado.

Pedro vio aparecer en la pantalla ambos equipos, y eligió a Ninjask, Tiranytar y Serperior para iniciar. Del otro lado de la barra de vida aparecieron Darkbat, Darkna y Darkolipede, los swoobat, musharna y scolipede de Negro.

El primero en caer fue Darkbat, que poco tuvo que hacer contra las rocas oscuras de Tiranytar. Darkolipede emparejó las cosas terminando con Serperior, y como remplazo Petunco envió a Parasect y Negro a Darkosta, su carracosta.

Ninjask se debilitó a Darkna, pero no lo suficiente, y cayó antes que el rival. Tiranytar terminó el trabajo y Parasect terminó, en dos movimientos, con el Darkosta que había hecho caer a Tiranytar.

Los equipos quedaron reducidos a Parasect, Electivire y Garchomp (que fueron enviados después de la caída de sus amigos) contra Darkolipede, Darkmisage y Darkboar (estos últimos un simisage y un emboar, respectivamente).

Petunco no podía usar el Earthquake de Garchomp que hubiera terminado con Darkboar porque también se hubiera llevado con él su Electivire. Darkmisage inicia, Sunny Day. Electivire, Thunder, por el día soleado, Darkolipede evita el ataque. Éste contraataca, Toxic sobre Garchomp. Garchomp usó Dragon Rush contra Darkmisage, éste cae. Darkboar usa Fire Blast contra Parasect y terminan con dos cada entrenador.

Pedro miró a Roberto que se agitaba, se reía y saltaba, como siempre que jugaba. Y como esas eran sus reacciones, ganara o perdiera, no se sabía cómo le iba. Pensó en preguntar, pero no quería mermar su concentración. Iba ganando, después de todo.

Electivire usó Fire punch contra Darkolipede, y éste ya no aguanta otro golpe. Darkboar usa Fire Blast contra Electivire… y éste sigue en pie. La decisión es sencilla para Petunco. ¿Qué importa que también caiga Electivire? A Negro no le queda más que uno.

El Earthquake de Garchomp es el preludio a la celebración de Pedro.

—Gané cien pesos, gané cien pesos —canturreaba Pedro frente a un derrotado Blanco. No le hacía nada de gracia al niño de sudadera Amarilla, que tomó otro billete de cien y se lo ofreció al ganador sin siquiera dirigirle una mirada.

—Déjame ver tu equipo.

—¿Cómo se dice? —Petunco trataba de ser amistoso.

—Déjame ver tu pinche equipo, por favor.

Definitivamente, aquel niño de amarillo era un muy mal perdedor. Pedro le prestó la consola y el otro, con ver la consola, replicó.

—¿Usas Máx Stat?

—Sí. Los entreno yo. Si quieres te enseño —Pedro ya no estaba muy seguro de sentirse contento al ganar contra un oponente tan rencoroso.

—No hay honor en los Máx Stat. Es obvio que ganarán.

—No es obvio si pelean contra otros Máx Stat.

—¿Y entonces dónde queda la estrategia?

—No te enojes conmigo porque ustedes traen malos pokémon.

A su alrededor, los otros hicieron expresiones de provocación. La frase que para Pedro había sido tan inocente causó que la cara de Amarillo enrojeciera.

—Sin Máx Stat no pasarías de mi segundo pokémon.

—Pues a ver. Saca tu versión.

—No juego en Quinta —dijo Amarillo.

—Hasta no ver no creer —dijo Pedro. Estaba bien que podía ser amistoso, pero el otro no daba muestras de querer seguirle el juego—. ¿Qué generación juegas, entonces?

—Primera.

—Mmm… ¿esas qué? Creo que mi GBA ya ni sirve.

Amarillo se plantó frente a él, tan pequeño como era, no sobrepasaba la barbilla de Pedro. Sacó una tarjeta de la bolsa de su pantalón y se la dio a Pedro.

—Vamos a jugar. Tu quinta contra mi primera. Hoy, a la media noche. Éste es mi código. Anota el tuyo.

La tarjeta tenía un código de doce dígitos de un lado, bajo la rúbrica Amarillo. Del otro lado, una pokébola inclinada y cortada por la mitad era el logotipo de Proyecto Líderes. No había nada más en ella.

—¡Maldición! ¡Maldita maldición! ¡No! —era difícil saber si Roberto hacía un coraje verdadero o un berrinche de broma. Había perdido contra Negro.

No hubo felicitación, Amarillo miró a sus amigos y con un gesto de la cabeza éstos se levantaron.

—¿Anotaste tu código? —Pedro le dio, en un pedazo de hoja de cuaderno, otros doce dígitos—. A media noche. No se te olvide.



Camino de regreso. Platicaron sobre las batallas. Compraron nieves con el dinero que Pedro ganó y cada uno fue hacia su casa.

—¡Ahí me cuentas cómo te fue en la batalla de la noche! ¡Te conectas! —le gritó su amigo y él asintió, pero una duda le asaltó en ese momento, y le pareció extraño que no hubiera reparado antes en ella: ¿cómo iban a pelear primera contra quinta generación?

Y aún otra más salió: ¿cómo se llamaba? La tarjeta decía solo Amarillo. ¿Qué era el Proyecto Líderes? ¿Otro de esos grupos de jugadores de pokémon.

El regaño que le esperaba del otro lado de la puerta de su casa le distrajeron de estas cuestiones.




Comida. Juegos. Algo de tarea. Internet. Fotografías. Media noche.

                Pedro insertó el código de amigo bajo el nombre de Amarillo. No esperó mucho cuando se vio a sí mismo agregado por alguien que ya lo esperaba. El micrófono estaba abierto.

—¡Hola! —dijo Pedro acercando la cara a la ranura sobre la leyenda en bajorrelieve Mic.

—¿Listo? —y reconoció la voz ofensiva de Amarillo.

—Sí. ¿Con qué versión vas a jugar?

—Ya te dije, Amarilla.

—No, ya en serio. ¿Pasaste tus pokés de la amarilla a algún otra?

—No se pueden pasar de primera a quinta, Petunco.

—Pensé que tenías algún adaptador.

—No me gustan los hacks.

Era imposible tratar de conversar con él. A todo contestaba como un niño molesto porque no le hubieran comprado lo que quería.

—Eres bueno con las batallas triples, pero ¿cuánto a que no duras en las individuales?

—Otros cien —dijo Pedro y aceptó la regla. Pensaba en su estrategia como algo infalible, y claro, confiaba en la fuerza de su entrenamiento.

Pero cuando aparecieron los dos equipos, Petunco dudaba cada vez más. Efectivamente, todos los pokémon de Amarillo eran de primera generación: pikachu, venusaur, pidgeot, moltres, vaporeon, golem.

Lo más seguro es que hubiera buscado todos esos pokémon ya desde su cartucho blanco o negro. Pero entonces Pukicha salió de su pokébola. Y las bocinas estereofónicas a lado de la pantalla le revelaron a Petunco el sonido “¡Pika!”, característico de los pikachu de la versión amarilla.

­—¿Es de evento? —le preguntó por el micrófono, emocionado.

—No. Es mi pokémon inicial —respondió seco Amarillo.

Imposible. Hacía cuatro generaciones que pikachu no era pokémon inicial. Pensó que tal vez los ataques comprobarían que era algún pokémon de evento o similar, pero no alcanzó a verlo en batalla.

A través del micrófono escuchó una canción de ska, y por lo que siguió a él, supo que ése era el tono de llamada del celular de Amarillo.

—A ver, dame un segundo —dijo y luego lo escuchó lejano. Pedro tuvo que pegarse la consola para escuchar—. Sí, ¿bueno? Más o menos, Rojo. ¿Qué pasó? —silencio—. ¿Cuándo? ¿Cómo? Pinche Oro, ¿se volvió loco, o qué? Sí, sí. No me jodas. ¿Qué dijo Azul? Sí. Sí, a huevo. Pues vamos. Están aquí dormidos. Sí. En tres minutos, vamos saliendo. Cámara.

Y apenas con decir "será en otra ocasión" se desconectó.




martes, 21 de febrero de 2012

Los 15 pokémon más - Teenagers

Escribió el poeta Rubén Darío, en su Canción de otoño en primavera: “Juventud, divino tesoro, / ¡te vas para no volver!” ¿No es lo que todos deberíamos decir cada que evoluciona un pokémon? Los fustamos en las batallas y ansiamos ese codiciado nivel en que van a evolucionar y justo después de que los vemos brillar en blanco, hay algo como una nostalgia chiquita que nos hace decir “chale… jamás va a verse como antes”.

Los precios de la madurez.


Son pocas las cadenas evolutivas que tienen un estado intermedio en que el pokémon no es niño ni adulto… es un puto rebelde. A fucking tennager. Como esos grupos que oímos en años menos afortunados, en esa etapa en que todos conocimos pokémon, la adolescencia es de las mejores etapas de la vida (por eso nos negamos a salir de ella hasta como por los treinta y cinco).


Aquí se van a contar los quince pokémon que mejor expresan la media edad de su cadena evolutiva, el mejor punto intermedio entre su estado morrito y su madurez bastarda.  Hay unos que o ya dan el viejazo, o nada más les salen más cosas, pero no parecen crecer. Esos no nos importan. Fue una elección difícil, del total de pokés que entran en esta categoría tuve que descartar sesenta. ¡Sesenta!


Pongan en Youtube su remix favorito de música pokémon (les recomiendo la versión extendida de Kanto Champion’s Theme in Black & White, épica) y pasemos al conteo de los 15 pokémon más Teenagers.



15.- Marshtomp

En el pokédex nacional, es el primer pokémon de Agua/Tierra que tiene una cadena evolutiva triple, eso le hizo ganarse un lugar en la cuenta antes de Palpitoad. Con sus ojillos de distracción ya antecede esa postura perturbadora que hace a los Swampert tan atractivos, pero mantiene un poco de la ternura de Mudkip.

Marshtomp es un muchacho desgarbado que ha dejado claramente su infancia y nos prepara una de las evoluciones más equilibradas en el mundo de los pokémon iniciales.

El pokédex lo define como un pokémon Pez lodo. Comúnes en Japón, hay unos bastarditos que salen de los ríos e incluso trepan pequeños árboles con unas aletas que parecen patas vestigiales. Sobreviven al exterior gracias al lodo de su cuerpo, de ahí que el nombre de este chinpoko venga de “Pantano” y “Pisotón”.





14.- Haunter

Un favorito de muchos. El niño es una bola de gas, el adulto es un cuerpo entero… no hay mejor estado de transición que el de un adolescente al que sólo le hayan salido las manos, y éstas ni siquiera las tiene unidas al cuerpo, lo cuál es un estado común de los fantasmas en el folklor japonés (todos los que hemos jugado The Legend of Zelda: Ocarina of Time lo relacionamos fácilmente con Bongo Bongo, el jefe del Templo de las Sombras, ¿o no lo habían pensado?).
En un tiempo en que las conexiones por internet no existían y el siguiente entrenador podía estar a kilómetros de distancia, evolucionar a nuestro Haunter parecía algo imposible, pero no nos importaba no obtener esa redondez graciosa de Gengar, Haunter se da abasto solo.
Su nombre viene de la palabra Haunt, que es un término en inglés para designar algo embrujado, pero no en el sentido de tener una madición, sino donde espantan. Una casa donde los fantasmas asustan es una Haunted House.






13.- Dusclops

Seguimos con los fantasmas y la tercera generación. Este muchacho ni siquiera sabía que era un pokémon intermedio, hasta que llegó la cuarta generación y le ofreció la oportunidad de evolucionar. Aunque después hablaremos de los pokémon a los que esto no les favoreció tanto, Dusclops encontró en Dusknoir un estado de madurez más perfecto de lo que creímos.

La innovación de Dusclops en el mercado fantasma (que cada vez crece más) es que disminuye su ataque y ataque especial para ofrecer unas defensas que obligan al oponente a gastarse un buen par de turnos en tratar de tumbarlo, mientras éste muchacho ve, con su único ojo, cómo cae lentamente.

Como nos enseñan las Dusk Balls, el nombre viene de Cíclope y Anochecer.





12.- Togetic
Por la segunda generación, otro muchacho del que no nos esperábamos la evolución, y viene a representar a esos adolescentes que más bien parecen querer ser niños toda su vida. No es nada contra éste poké, pero sería la versión pokémon de esos grupos pop adolescentes que, aunque han crecido, siguen aparentando tener más edad de la que han cumplido.
En fin, el pokémon ha roto el huevo finalmente y ha salido para estirar las alas. Y los pájaros deben abandonar el nido; como su nombre en japonés lo anticipa, Togechick, se refiere a un Pollo (chick) que finalmente ha madurado.
O como decimos en mi bello país, “ya es cancha oficial”.




11.- Monferno

Dale a un Chimchar algo de pintura de Guerra, enséñale combate borracho y tendrás un Monferno listo para ser el bully de los pokémon de tu rival.

Esta línea evolutiva tiene mucha coherencia con sus nombres occidentales. Mientras que Chimchar es un Chimp (chimpancé, un monito pequeño, retozón y alegre), su evolución es un Monkey (mono, que como puede ser juguetón y amistoso, ya tienen una fuerza muy desarrollada y, si se les hace enojar, pueden ser peligrosos) y terminan con un Ape (simio, poco menos que un gorila, un primate reservado y muy ágil con el que es mejor no meterse).

Si a eso sumamos que su calidad de fuego viene de Inferno, es fácil entender por qué éste poké en particular cuadra tan bien con el tipo de adolescente problema.





10.- Whirlipede
Una cosa debemos aceptar los jugadores de la vieja escuela: durante cuatro generaciones vimos pokémon insecto pasar de larva a pupa a adulto y siempre el estado de pupa era algún inútil el cuál entrenábamos por puro amor y deseo de ver su estado perfecto.
La quinta generación nos trajo la línea de Whirlipede. Y es que sí, es un gusano, es una pupa, ¿pero esto qué carajos es? Una llanta de camión monstruo venenosa, ni más ni menos. Suficiente para mí (que fui muy feliz entrenando el mío en mi versión Black).
Lo más genial es su simetría, al derecho y al revés es lo mismo, y no sabes si viene o si va, de ahí que su nombre pueda traducirse como “Pies de rueda”.





9.- Machoke

Antes de las versiones Black y White, si algo nos llenaba de nostalgia de la primera generación es que ya no se veían líneas evolutivas tan completas, como la del cuarteto de intercambio (Alakazam, Golem, Gengar y Machamp).

En una escuela de adolescentes pokémon, aquí está el capitán del equipo de fútbol. Y lucha. Y pesas. Casi todo, menos gimnasia.

Sé que algunos pensarán que ya bastante adulto se ve este chamaco, pero si pensamos que en su estado adulto, su boca se ve rodeada de algo parecido a una barba de dos días y, claro, el pequeño detalle de que le salen otros dos brazos, podemos concederle el hecho de que tal vez es uno de esos adolescentes que dan al estirón. Los grandotes de la clase.






8.- Porygon2
Y claro, si tenemos al atleta de la clase, tenemos también al geek. Todos pensamos que éste muchachín nunca crecería, y que ya bastante raro era. Equivocados una vez más (por eso me asusta pensar en una sexta generación).
Es el chico tímido de la clase el cual no sabemos que en el futuro se volverá loco. Nada más vean a Porygon Z. El estado de Porygon2 es el perfecto para hacer una transición de cómo la tecnología ha avanzado en menos de quince años. Si lo ponemos en términos de la juventud digital del año 2000, Porygon2 expresa, con sus formas limadas y redondas, su movimiento estático y el brillo de su piel, lo que antes considerábamos como algo moderno. Qué jóvenes éramos.






7.- Fraxure

Punto en contra de las nuevas generaciones: ahora hay demasiados dragones y todo mundo los usa. Pero de Trapinch a Flygon, prefiero la línea de Axew a Haxorus. Fraxure sería el bully del hogar disfuncional que no puede contener su agresividad y necesita desquitarla con los más pequeños e indefensos, preparándonos para lo que va a ser uno de los dragones con mejor pinta de badass de todo el pokédex nacional.

La línea temática de estas evoluciones es la de dragones boca de hacha. El nombre de Fraxure proviene de Fracture… y no entiendo qué tiene que ver una fractura con un dragón con un hacha en la boca… ¡oh, esperen! Claro. Cómo no lo vi antes. Un letrerito en el jardín: “Cuidado con el Fraxure”.






6.- Pidgeotto
Cada generación seguirá sacando un pokémon tipo Volador y Normal. Pero jamás volverán a igualar esto. Por más que lo intentaron con la nueva línea evolutiva triple de Starly a Staraptor y de Pidove a Unfeezant… la familia Pid tiene una corona que nunca podrán quitarle.
¿Y por qué Pidgeotto en particular? Incluso a mí, que no me gusta la serie, me trae muy gratos recuerdos el episodio en que Ash captura el suyo (usando primero a Caterpie, jaja, novato).
Al gentil y gordito Pidgey le crecen las alas, el pico y el copete, para llegar a un teenager perfecto para el combate, que sólo está esperando crecer a lo bruto y volverse más grande que tú, y con un copete de plumas mucho más ostentoso para llegar al último Pidgeot. Pero como transición, expresa perfectamente el concepto de crecimiento.
Curioso, en Japón, a Pidgeotto se le conoce como Pijon y a Pidgeot como Pijotto (por eso en el ánime, gritan sus nombres a la inversa, es de los pocos pokémon que no son doblados del lenguaje nipón).





5.- Nidorina / Nidorino
¿Y qué mejor expresión de la adolescencia que el par de conejitos venenosos? Los precursores de la conciencia de género en el mundo pokémon. Tan unidos que por eso merecen compartir un lugar en esta cuenta regresiva.
Nidorina, la princesa del veneno y de cuerpo de púas; Nidorino, el príncipe de un cuerno listo para tomar el mando sobre los pokémon de la pradera. Ambos mantendrían un estado de juventud perpetua de no ser porque la Piedra Lunar les concede la capacidad de crecer (a mi parecer, estos son los pokémon más extraños que evolucionan con Piedra Lunar).
El cosplay perfecto para las parejitas cursis.
La elección del “rino” y “rina” es una mera influencia del español, pues los nipones y los gringos siempre creen que todo lo masculino lo acabamos con “o” y lo femenino con “a”. Quiero ver qué hacen con “el alma” o “la mano”.





4.- Kirlia
La medalla de gimnasia que Machoke no se llevó, es para el rarito de la clase. Un poco perturbador en este sentido, por su pura apariencia siempre nos recordará a una bailarina, aunque sea varón.
¿Por qué avanzar tanto en esta cuenta, muy adelante, digamos, de Haunter? Porque es un pokémon elección de carrera. A partir de la cuarta generación podemos decidir si queremos que siga cultivando su mente como un Gardevoir o lo becamos como deportista profesional y se hace un Gallade.
Además, desde la aparición de la tercera generación, la línea Raltz/Gardevoir se presentó como una de las favoritas entre los jugadores, haciendo a un lado la anterior línea psíquica Abra/Alakazam (aunque yo sigo prefiriendo la primera).
¿Conocen la fotografía Kirliana? Google, gente. Es algo interesante.





3.- Gabite
En el top 3. Un dragón favorito por muchos que marca mejor una línea evolutiva. Soy el primero en defender a los tres dragones primarios, pero por favor: Dratini, serpiente; Dragonair, serpiente más grande; Dragonite… wow, espera, ¿y la serpiente? En cambio, los dragones G son un claro ejemplo de que comiendo sanamente y tomando vitaminas, se puede ser lo que uno quiera al momento de crecer. Y lo que quiere todo Gible es ser un hijo de puta.
Gabite es un primer borrador de Garchomp. Una antesala mitad dragón, mitad tiburón que le dice a tu rival “ten cuidado la siguiente pelea, tal vez ya haya crecido”.
De ahí que su crecimiento sea relativamente lento. Cada veinticuatro niveles. Osea que para alcanzar la perfección es necesario llegar al nivel cuarenta y ocho, ya cuando la mayoría de los líderes de gimnasio han caído, y frente a los únicos que puedes presumir tu Garchomp es con los de la Liga Pokémon. It’s something!





2.- Dewott
Si hay algo tan genial como volverse un Samurai, es volverse un Ninja. Y Oshawott experimentará ambos en su vida. Dewott saca la cara por los iniciales de la quinta generación y con su pose de combatiente de las sombras, impone que no todos los adolescentes son necesariamente rebeldes, sino que hay quienes se esfuerzan y siguen un camino recto hasta lograr una perfección.
Los Dewott tienen mucho de pokémon de pelea y sin embargo, no se les ocurrió agregar el segundo tipo (quizá porque están muy ocupados pensando en cómo será el pokémon inicial de la sexta generación, tipo Fuego/Pelea).
Con garras como Wakisashis y conchitas como Shurikens, es uno de esos pokémones que realmente nos duele que evolucionen, aunque sabemos que a la larga, les hará bien.







1.- Charmeleon

No podía ser de otro modo. El ojete entre los ojetes, rebelde aclamado de la primera generación, tan querido dentro del ánime como fuera de él. Su ataque de Furia y su cara de cretino perpetuo le ganan a Charmeleon el respeto entre los entrenadores alrededor del mundo.

Un pequeño dragón sin alas. Brock se reía de tu si habías elegido a Charmander la primera generación, pero después de muchos Rattatas y Pidgeys desmayados, el líder de gimnasio se las veía negras contra un Charmeleon furioso que siempre dejaba quemadas las rocas de tu primer desafiante de la liga.

Un estado de furia adolescente que muestra la ira contenida en el paso de la niñez a la madurez, muy visible en el color de su piel, de un rojo intenso mientras que Charmander y Charizard son más claros.

Defendiendo la permanencia de los pokémon de la vieja escuela, Charmeleon se ha ganado a pulso su primer lugar como el pokémon más Teenager de esta cuenta regresiva.






A pesar del trabajo, aquí le seguimos pokémoneros.

¡Diez mil visitas! No puedo agregar más palabras, excepto mi agradecimiento más sincero a todos aquellos que semana con semana entran aquí a leer y me han expresado su apoyo por correo (pokemoneando@gmail.com) por Facebook (Don Pepe Zorrillo) o por Twitter (@perroconde).

Diez mil visitas en menos de tres meses. A ver a cuánto llegamos.

Espero que hayan disfrutado la entrada y, si son nuevos por acá, dense un rondín. Igual y encuentran algo que les guste.

¡Ahí nos vemos, pokémoneros!

PD: ¡Me niego a creer que Treeko le va a ganar a Bulbasaur en la encuesta!



-Conde