De la pluma de Mario Conde, y a mucha honra

¿Qué fregados es esto?

'Pokémonear': verb. 1) acción y efecto de hacer algo relacionado con o relativo a Pokémon; 2) acción y efecto de cumplir una adicción a "Pokémon" como si de un psicotrópico se tratase; 3) perder el tiempo en actividades relacionadas a Pokémon.
Artículos de interés para el entrenador Pokémon novato y veterano. Chistes, reseñas, historia pokémon, datos curiosos, lo que se me ocurra.
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Si tienes Google +... qué chido. Nosotros no.

Don't speak spanish? No problemo!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Mi equipo en - Sapphire Version

DECON
ID. 13652
Ok, es momento de hablar de mí. Llegué al mismo tiempo que Ruby, y con poca noción de qué hacía y en qué momento estábamos. Yo tenía ya un largo camino recorrido en esto, pero quise empezar de cero y bajo la tutela de la Primera Generación, eso le gustó al jefe.
Mientras el otro hace los versos, yo prefiero contar las historias (empezando, claro, por esta). Todo lo vuelvo relato, y me gusta contar historias durante las peleas. Historias emocionantes, memorables, de esas que te dejan con ganas de seguir leyendo.
El mar, eso es lo que busco todo el tiempo, ahí fluyen mejor las historias y las peleas, los extremos están ahí, en el agua. El jefe en eso coincide conmigo.
Tal vez es por eso que encajé tan pronto en la liga. Después de todo, alguien debía contar la historia sobre nosotros, ¿no?



#260 - Swampert ♀
ERTSWAMP




#267 - Beautifly ♀
FLYBEAUTY





#295 - Exploud ♀
LOUDEXP




#323 - Camerupt ♀
ERUPTCAME




#334 - Altaria ♀
ARIAALT




#332 - Cacturne ♀
TURNECAC





#382 - Kyogre
GREKYO



sábado, 24 de marzo de 2012

El rinconcito del Chima - El guerrero


Qué onda, Pokémoneros.
Este es un relatillo que el cuate Chima se está aventando, según sé, como historia alterna de su personaje en pokémon. A ver si les late o qué tienen que decir.
Lo bueno es que ahora la retroalimentación es más rápida, así que si quieren comentar y que les comenten, se puede por acá o en la página del Facebook http://www.facebook.com/Pokemoneando . Ahí denle like.


Pu's ahí se los dejo, a ver cómo pega.
-Conde

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El guerrero




Estaba sentado sobre la palapa, ahí nomás. Todo transcurre demasiado tranquilo cuando uno está a punto de graduarse de la prepa, cuando ya hay en sus haberes examen de admisión. Recordaría estos días tan relajados, donde acudir a la escuela solo era un trámite; ya las clases ofrecían poco, todo era echar desmadre, básicamente.

Y ahí va pasando la mamá, jaloneando al izcuintl de primaria, ella con la pesada mochila alhombro, el niño con la camisa hecha un asco de chocolate y corretizas. La parejita de morros de secundaria, cada 5 pasos, un beso y seguimos la secuencia. Bariles varios de la prepa, que van a echar la reta de fucho o básquet, por la calzada que va al campo, frente a la zona de palapas, que poco a poco se va llenando de estudiantes que nutren sus ansias de conocimiento a base de tortas de carnes varias, jugos o chescos y golosinas. Lo normal a estas horas, entre la 1 y las 3, la calzada llena de estudiantes y gritos, el “¿qué dejaron de tarea?” y los “¡vamos a dorada!”. Llegué 30 minutos antes, el piano-forte del transcurso de horas interrumpe mis cavilaciones internas, de cuando me doy el lujo de salir antes por esos preciados minutos de los árboles y la chingona quietud de recostarme sobre la palapa, con los pies sobre el asiento; meter el suéter del uniforme, desabotonar la camisa y portar la playera casual con el pantalón color café del uniforme. La frescura de junio y sus calores me invaden a toda madre, una torta de milanesa con quesillo debidamente aparrillada, un juguito. Martes y jueves, dos memelas rojas doble queso, adquisición necesaria de contrabando por entre el zaguán escolar del este. Y mi GBA SP rojo, adquisición en unviaje al gabacho con la banda de música. Pokémon Esmeralda.

Me retraigo por lo que parecieran horas en el apretar de botones. Ce, Blaziken rifa como el que más, de todos los pokémon que han existido, este se lleva mi belicoso y partemadres corazón. Recorro rutas, reto en la Battle Frontier, ¡estas son batallas y no pedazos! Luego, cuando el día es pesado, viajo voluntariamente al Abandoned Ship y cierro los ojos, dejando que la musiquita tienda a infinito. Una melodía que habla de soledad, pero de una soledad combativa, casi esperanzada. Soledad de hechos trágicos, de una batalla, de asuntos nostálgicos e históricos, acaso un legado y un misterio. De esas soledades que inspiran e invitan, recuerdas pero construyes. Una soledad igual a la que siento en la palapa, en los últimos días de la prepa.

Hoy es un día especial, miércoles de promesa.

Los colegas músicos salen de sus clases y dirigen rumbo a los salones de música. Hasta hace unos meses, yo sería sino el primero, sí de los que llegan minutos antes al ensayo. Tomar mi saxo barítono, dejarme llevar por la música y tocar con los 200 músicos. Hechos no concernientes, prefiero ir a eso de las 10 de la mañana y tocar en soledad, por zona del gimnasio, atrás de las gradas, improvisar mis tonos graves, desafiar a los maestros; veo que van a ensayo, son la 1:30 de la tarde, yo ya cumplí con ensayar mi música como a diario. Camino pero no a los salones de música, sino a la salida, con los demás de la escuela que en flujo constante van tupiendo la avenida. A muchos se les hace raro verme ahí, entre ellos y no en la banda de música. Los que saben de mis penas me saludan cortésmente, mientras me dirijo a la parada. Jugaré un poco más en el camino, Dustox se entrena derrotando Roselias sin piedad. Hoy toca ir a cazar Dittos o criar un Bagon. Lo que sea, menos la banda de música.


Tomo el camión que, según investigaciones, me ha de dejar en su escuela. La secundaria, recorrido de 20 minutos por tráfico, ya sale el 10° Ditto Jolly; ahorita atrapo, luego selecciono. Su secundaria está tras el mercado, me dirijo caminando y me veo obligado a guardar el gameboy. No sé cómo me veo, pantalón de uniforme de prepa y una camiseta azul. No tardo en ubicar las calles y descubro que ya salen los alumnos de su secundaria, “espero no haber llegado tarde”, pienso.


Su nombre es anhelo y promesa. Llevamos meses telefoneándonos, charlando por imeil y esta es la primera vez que pretendo verla en su escuela. Espero ver aparecer por entre la gente su sonrisa de fresas y sus ojos de miel quemada. Admirarme ante sus cabellos de obsidiana, su carita de ángel inspirador de versos. Su inmaduro talle de mujer, que se esculpe con devoción, con bendición. Ella a sus tiernos 14 años, yo a mis inestables 17. Ella en su reserva, yo en mi desesperación.

No apareció. Mi afán de recrear esa escena del avezado amorío entre un chavo de prepa, que va por su chica soñada, un helado, una flor; liberarle del peso de la mochila para, así, admirar su caminar libre, su sonrisa manchada de helado de chocolate, la plática nerviosa, pero ansiada, su sola presencia del lado del la acera para parecer un caballero y cuadrarme, mientras descifro su peinado…será otro día.

-¿Tú eres el del “Niños Héroes”?- me dice un chavo de cabellos valientes y playera blanca.-Sí, de ahí mero- le confirmo.-Nos dijeron por mesenyer que andarías por aquí- dicen emocionados esperando que tome ese anuncio como una obviedad; se desconciertan al ver que mi rostro les muestra confusión.-¿Los conozco?- indago.-No, seguro, pero nosotros a ti sí, y muchos más- el otro morrito es medio güero, dice mientras degusta un raspado de grosella o que se yo, el líquido ha manchado su playera negra. No hago caso, me sacó de onda no verla, así que ese asunto de que ellos sepan que yo iba a estar por esos rumbos me viene valiendo gorro.-Aja, chido, ¿y qué se les ofrece?- digo, aún mirando a los alrededores, con decremento deesperanzas, de a perdis la vería...Ambos sacan sus GameBoy llenos de estampas y motivos pokemoneros. Cablelink mediante y me encuentro batallando con ellos, uno a uno. A uno le venzo con emerald, el otro cae ante mi equipo en Ruby. Toman la derrota con cierta indiferencia. Un señor de camisa azúl y pantalones de mezclilla estuvo mirando, lo noto ante el último ataque de Blaziken. Es cuando reparo que aquestos vatos no llevaban el uniforme característico de la secundaria y lo raro de su vestimenta blanco-negro.

Voltean a ver al pelao’ de azúl, asienten y se despiden de mí, antes que pueda acertar a hacer más preguntas. Se van y se suben a un coche ya viejo, que hace ruido al arrancar y se van por la calle, donde a lo mucho habrán 6 alumnos y el wey que vende raspados. Me voy tristón por no verla a ella, pero confundido por las batallas y esa sensación de que me están observando y cañón.

¿Cómo jijos sabían que iba a estar ahí si no le comenté a nadie?
















-Chimalltlin

miércoles, 21 de marzo de 2012

Fusilmon, los juegos que quisieron ser como Pokémon

Dicen que alguien dijo un día que la imitación es la forma más perfecta de la admiración. Cuando algo está bien hecho, es inevitable sentir el impulso de hacer algo parecido, similar (se los digo yo, que aprendí que el primer ejercicio al escribir es el de imitar a un autor bueno). Pero hay algunos que simplemente se vuelan la barda con su carencia de ingenio.
Nuestro querido Pokémon ha sido víctima de muchos intentos de plagio (ora con medición y escondidos, ora descarados), pero afortunadamente ninguno de ellos ha tenido el impacto del original. Estos fueron denominados (oficialmente, en la revista Club Nintendo, por ahí del años 2000) como juegos “Fusilmon” (etimología sencilla: en México se denomina “fusil” a toda idea que sea robada o copiada de otra fuente —alguien cuenta un chiste: “te lo fusilaste de Big Bang Theory”, por ejemplo—, el “mon” viene de la terminación de Pokémon, que se encuentra en algunos de estos descarados fusiles).

Así pues, en este artículo enumeraré algunos de estos fusiles, empezando por el más famoso de todos:

Digimon

Vieron la luz en el bello año de 1997 (cuando los fans de Terminator creímos que Skynet destruiría al mundo, seguramente esta fue su venganza); un año después del lanzamiento oficial de Pokémon Rojo y Azul. Sin embargo, no surgió como un juego tal cual, ni siquiera como un ánime. Era un concepto de mascotas virtuales que tomaban el concepto del Tamagotchi (¿recuerdan los Tamagotchi?) y lo ponían en un aparato más grande, más caro, y cuyo progreso incluía un contador de pasos que acumulaba energía para que el Digimon que guardaba “Digievolucionara” (hasta la palabra es estúpida).

Como mencioné en el artículo de Historia Pokémon I, la idea de mercadeo de Pokémon incluyó el lanzamiento del ánime. Pero la popularidad de Digimon no se expandió hasta que dos años después (osea, cuando nosotros ya íbamos a gozar de las versiones metálicas) salieron una serie de figuras de acción articuladas (que se mueven, pues… para los noventa, los muñecos no tenían tanta movilidad) y la serie de televisión.

No voy a quejarme del hecho de que los Digimon hablen, porque los Pokémon hablan en cierta edición del manga, ahí también evolucionan y vuelvan a su forma original, incluso saltándose pasos en la evolución, como los Digimon. Me quejaré del formato de juego, perteneciente al primer Playstation (ahora todos juegan toda clase de consolas sin problema alguno, pero en esos tiempos sí teníamos lealtades); del hecho de que hasta el nombre es similar, de que es infinitamente mejor querer atraparlos todos a sólo llevar uno contigo, a que prefiero unas criaturas de origen desconocido a otras hechas por desperdicios de memoria ram.

Además, los Digimon cagan. ¿Qué chingados? Si quisiera un juguete que cagar me compraba una de esas muñecas que orinan. Los Pokémon no cagan, tu argumento es inválido.


Robopon
(y un poco de Medabots)

Quería guardarlo para después, pero de verdad, deben enterarse de él.

Cambia los monstruos por robots (¿alguno se acuerda del ánime Medabots?, al menos los Medabots tuvieron la decencia de buscar su gloria en las caricaturas, ya que los juegos japoneses eran infames). En el año 2000 salieron los juegos para el Game Boy Color en un infame formato que copiaba casi con calca el de Pokémon, y lo que no copiaron, debieron hacerlo, por ejemplo el formato de batalla, que en Pokémon siempre tiene la noción de profundidad, en Robopon son sólo dos robots parados uno frente al otro, con nivel, HP y toda la cosa.

Desconozco la cantidad de Robopones que podías llevar en tu “equipo” (si es que había algo así), sólo sé que el dato oficial es que había un conteo de 153 Robopones distintos… no mames. Tu Robopon adquiría experiencia en batalla y le agregabas distintos software que aumentaban sus aptitudes o cambiaban sus ataques (digamos, un software de Fuego daba un ataque, uno de Electricidad, otro, pero al mezclarlos se creaba un ataque en conjunto… eso sí es interesante). Sin embargo, el sistema de juego es también un RPG, donde ves a tu monito de 8-bits caminando por un mapa que es —prepárense— ¡una isla!

Pa’ acabarla de chingar, los juegos salieron en versiones, siendo éstas las versiones Sun, Star y Moon (versión Sol, versión Estrella y versión Luna), por suerte el descaro no cruzó el Pacífico y sólo llegó a las tiendas norteamericanas la primer versión.

En el Game Boy Advance se hicieron unas séquelas: Robopon Cross Version y Robopon Ring Version, pero fue un desperdicio de memoria. La misma revista Nintendo Power apuntó que, aunque el juego tenía su mérito, seguía siendo una copia de Pokémon, obteniendo un ranking de tres de cinco estrellas.

Monster Rancher

Plagio del plagio del plagio. Es mezcla de Digimon y Pokémon (wtf?). Lo menciono aquí porque también tuvo sus videojuegos, y sip, también para el Playstation.

Del videojuego saltó a la serie y de ahí… a ningún otro lado. Su mayor logro fue extender su serie de 48 episodios a 73, por el “éxito” que habían obtenido (éxito que se debía en su mayoría a un robotsote de chistes ramplones, a un pato que hablaba cagado y a un ojo que se le podía encontrar en diversas presentaciones de color).

Muchos conocedores del tema ánime arguyen incluso las similitudes de carácter entre Ash Ketchum y Genki, los dos principales de cada serie. En lo personal, me parece una pérdida de tiempo hacer esa comparación (y miren que lo dice el administrador de este blog).



Animorphs

¿Se acuerdan de esa serie que era, en sí, una copia de los Power Rangers? Pues sí, entra en los fusilmones desde el momento que a sus productores se les ocurrió lanzar el juego para Game Boy Color. El juego aparece en el 2000, que parece el año del fusil, tal vez porque todos creían que Pokémon no había conseguido la popularidad suficiente como para que el plagio se sintiera, pero por favor, sólo basta ver la pantalla de peleas para notar el cinismo.

En el juego usas a un Animorph, un héroe que tiene un poder alienígena (ahora que lo pienso, debería incluir a Ben10) para convertirse en animales, pero no puede convertirse en cualquier animal, sólo en aquellos que ha tocado recientemente, de este modo buscará a los extraterrestres que están tomando posesión del cerebro de los humanos para dominar el mundo. Si alguien te veía convertirte, estabas perdido, pues no sabías quién era un ser humano real y quien uno con un gusano en la cabeza.

La trama se mantiene en el Game Boy, pero cada que quieres tocar a un animal, entras en una pelea contra él (al estilo pokémon), si lo vences, el animal va a tu historial de animales en los que puedes convertirte, y debes procurar que nadie más esté en la pantalla cuando esto pasa.

Claro, inexplicablemente, por toda la ciudad hay desde perros, hasta coyotes, serpientes, conejos, etc.

Y si todo esto te parece demasiado malviajado, pues la serie está basada en unos libros. Oh, sí.

Monster Fusion / Monster Galaxy

Facebook lo hizo de nuevo. Tomó un concepto de élite y lo puso al alcance de todos.

Entre los montones de juegos que hay para Facebook (que empezó con los de Zynga, como Vampire Wars, Mafia Wars, Baseball Wars, siguió con Travian, Farmville, Cityville, Plants vs. Zombies, Aquarium… y una lista interminable de mierda) aparecieron estas dos cosillas, Monster Fusion y Monster Galaxy.

Cito textualmente: “La principal diferencia en Monster Fusion es que ya no tendremos que andar por el mundo capturando criaturas”… osea, insisto, hasta en los videojuegos nos hemos vuelto huevones, en aquello que hacemos sentados. Lo dicen como si la exploración fuera engorrosa, ¡si es lo poca madre del juego! Claro, los que sólo creen que la batalla es lo chido son los que, apenas compran el juego, buscan los intercambios de pokémon nivel 100.

Las criaturas se obtienen en una máquina, por un costo de 200 monedas (más barato que un Magikarp) las cuales se consiguen al ganar batallas o completar misiones con tus diferentes monstruos.

¿Dónde está el intercambio de monstruos? ¿La pelea contra otros jugadores? ¿La cantidad de variaciones que puede haber? ¿Los distintos equipos que se armarán? ¿Las interminables estrategias?



World Of Warcraft

No es en sí un fusil del juego, pero reservo estas breves líneas para hablar sobre los “compañeros” que puedes llevar contigo y que “suben de nivel junto con su personaje”. Los fanáticos del Dungeons & Dragons defenderán que eso, en teoría, fue su idea (lo sé, también soy rolero, y sé que los Druidas, Exploradores, Magos y Hechiceros tienen compañeros que aumentan su poder junto al personaje), pero aquí es más que obvio que esos compañeros suben de nivel en un sentido más… ¿cómo decirlo?, pokémonero.




Beyblade

El más alejado de todos, pero que versa en el mismo concepto. Lo peor de Beyblade es que ya parece una copia de Pokémon, Digimon y hasta Yu-Gi-Oh! (y no empecemos a hablar de Bakugan, porque no acabamos).

Beyblade es una franquicia que nace en 2002 con los juguetes vendidos por el gigante del entretenimiento Hasbro. Luego vino la serie (juguete-serie, como Digimon).


Se trata de unos trompos súper mamados que se parten la madre entre ellos en grandes estadios donde una nación entera está al tanto de lo que hacen los juguetes. Pero ahí no para la cosa, los trompitos incluyen las Bestias Bey, que cargan el verdadero poder del aparato… en el ánime realmente nunca se explicaba cómo se hacía esta pelea, sólo chocaban los trompos y las Bestias Bey gruñían (¿han visto que una técnica común en el ánime es congelar una imagen, alejar el foco de la cámara y ponerle sonido?, es decir, no pasa nada, nosotros nos engañamos, gente).



Hackemon

Los anteriores al menos se dieron a la tarea de sacar su propia franquicia y sacarla pa’delante, con su propio dinero y un poquito de ideas, pero estos no tuvieron madre, la verdad. Estas son las copias más descaradas, pues usan el buen nombre de Pokémon en su título. Los Hackemon son las “versiones” apócrifas hechas por fanáticos con el propósito de… pues realmente ninguno. Imitamos cuando carecemos de ideas, cuando plagiamos, es porque tenemos envidia, queremos bañarnos de un poco del éxito que otros han tenido con su mente. Los que reprogaman los juegos de Pokémon para hacer “nuevas versiones” creen que están haciendo algo genial, pero no sólo muestran su falta de iniciativa, sino que ni siquiera una idea buena pueden tener.

Juéguenlas para comprobar, a mí me da mucha risa ver los videos de las versiones apócrifas, pero en mi conservadurismo Pokémon, ni siquiera juego en la computadora (porque yo juego en mis trayectos de casa al trabajo, las consolas portátiles son la onda en el camión). Bastante tengo con entrenar a mis dieciocho equipos (y los dos que vienen en camino) como para probar esos juegos.

Entre las versiones apócrifas, he encontrado: Pokémon CaosBlack, BlueSea Edition, Quartz Version, Celebi Version, Perla (para Game Boy Advance), ShinyGold Version, Crystal (para GBA), Trigo Returns, Pokémon Rainbow, DarkCry Version, LightPlatinum version, Shine Version… y la lista sigue y sigue, porque incluso hay una comunidad para crear tu propio Hack, haciendo tus propios pokémon con todo y sus sprites y así.




Yo por eso mejor escribo.





Ahí se los dejo, chavos, este nuevo artículo que espero sea de su agrado, porque con eso de que se armó la polémica con el asunto E L L E / Pokémex, yo (y los involucrados) nos botábamos de risa. Mucho se habló de la calidad de este blog, pero, ¿calidad? Lo de aquí son los chistes, muchachos, y pasar un buen rato. Disculpen que no me tome la vida en serio, pero si no sufro ningún mal estomacal (excepto, claro, tenerlo grande) es porque me ahorro corajes.

¡Nos inauguramos en Facebook! Denle like a nuestra página http://www.facebook.com/Pokemoneando y ahí pues... básicamente pueden hacer lo mismo que hacen en las otras páginas de pokémon, pero acá con chistes y toda la cosa. Ya saben, al estilo pokémonero (nada más que aguas, porque los administradores somos medio trolls). A parte de este contacto, ya sólo les dejo el correo pokemoneando@gmail.com y pues, cualquier asunto que quieran tratar, en el face.

Y por cierto, si quieren más noticias sobre el Proyecto P y el Proyecto Líderes… pues para eso abrimos la página. ;) Ahí nos vemos, gente.



-Conde

lunes, 12 de marzo de 2012

Proyecto P - Capítulo V



Capítulo V
El Proyecto Líderes



Lo único que animaba a Lego era que el Rubio le cuidaba las espaldas cuando salían del “Gar”. El ruido se hizo sordo tras la puerta de aluminio y la luz se hizo de nuevo soportable. Frente a ellos, Rojo avanzaba con las manos embolsadas en la chamarra de cuero, sin voltear, de vez en vez una estela de humo le salía de la boca y nada más.


Salieron a las mesas, un saludo al barman, la puerta cerca de la barra sin letrero. Un cuarto mediocre sin ventanas a modo de oficina, iluminado pobremente con varias lámparas de lava dispuestas en diversas repisas. A Lego le dio la impresión de sentir calor aunque no era, en absoluto, un lugar cálido.


—Siéntate, con confianza —le dijo Rojo señalando las sillas frente al escritorio. Lego buscó la mirada de el Rubio y éste le hizo una seña con la cabeza de que se sentase mientras él permanecía de pie, recargado en la puerta.


Rojo tomó otro cigarro (sin filtro) y lo encendió antes de que el primero se apagara, acto seguido lanzó la cajetilla hacia el Rubio.


—Entonces te llamas Legolas —Rojo subió los pies al escritorio—. ¿Jugaste en primera generación?


—Desde rojo y azul, sí.


—¿Todavía tienes tus juegos?


—No, ya… no. Los vendí.


—Ya. ¿Quieres tomar algo?


—No, gracias.


—¿Otra chela?


—No, estoy bien.


—¿Tú, Rubio? —éste hizo un gesto de indiferencia—. Dile al Mankey que me mande una Indio, ¿no? Y ahí tú pides lo que quieras.


Rojo y el Rubio se sostuvieron la mirada apenas un segundo. Lego miró a su amigo por el rabillo del ojo y lo vio afirmar con la cabeza antes de salir.


—Supongo que también juegas tercera, ¿no?


—Las tengo pero, hace un rato que no las juego.


—Pero has jugado con el Rubio, ¿no?


Por más astuto que fuera Rojo, Lego intuyó la sospecha. Sin el Rubio como su abogado, lo mejor era revelar poca información para evitar cualquier error.


—¿Hay algún problema?


—No, Elfo, no te angusties —Rojo escupió una hojita de tabaco—. Namás quería platicar, tú traes una dorada, ya no se ven muchas entre los que juegan. Además, la supiste usar.


—Pero el de la guitarra fue más bueno —la condescendencia podía ayudarlo a crear buenas migas, pensó Lego. Pero Rojo lo miró a los ojos por un segundo, luego bajó los pies de la mesa y se inclinó hacia él.


—Te apendejaste.


Lego bajó la vista, no sabía si era una burla, un reclamo o una aclaración. Ninguna de las tres le agradaba. Guardó silencio.


—Hace un ratotote que no jugabas, ¿verdad?


—Le he metido más a la White.


—¡Con razón! —Rojo se carcajeó—. No, si esas chingaderas vician, cabrón, te acostumbras y cuando regresas a lo básico… obvio te iban a chingar.


El Rubio regresó con una cerveza y un whisky en las rocas, Rojo no cambió en nada su actitud y tomó la botella.


—Gracias, Rubio. Le estoy diciendo que se apendejó, ¿a poco no?


—Tuvo mala suerte —dijo el Rubio.


—Nel. Por mala suerte le echas los perros a la hermana de tu amigo, lo tuyo fue estado bruto —y siguió riéndose. Rubio y Lego se quedaron muy serios.


—En la White tengo un mejor equipo —y Lego notó en su propia voz un tono de disculpa que le molestó—. Si quieres, el otro sábado te enseño que no estoy tan buey.


—Nah, nah, te creo, güey. ‘Toy jugando, chingá. Y de hecho, si te hubiera visto jugar quinta generación, la neta me valdrías madres.


De un trago vació media botella.


—¿Por qué?


—Ya casi nadie juega en segunda —dijo el Rubio.


—No quieren o no pueden, más bien. ¿A poco no sentiste que volvías a ser morrito cuando entraste al Gengar? Con los sesentaycuatro, los Transfer Pak, las retas. Buenos tiempos, la neta. Digo que te apendejaste porque dejaste al Plata con dos pokémon. Estuviste a uno de sacarle el legendario. Y el Plata estaba contento, ¿sí o no, Rubio? —el Rubio asintió—, hace un chingo no llegaba un buen jugador de segunda. Eres una especie rara, cabrón.


—Gracias —dijo Lego con dudas—. Ehm, oye Rubio, se está haciendo tarde…


—No, no, no, no, no, pérate, güey. Unos minutitos, ¿sí? Es pa’ proponerte un bisne que yo creo que te interesa. No pongas esa cara, hijo, no es nada turbio, vas a ver. Namás cinco minutos y ya vemos, ¿sí? Te conviene. Más a ti que a mí.


Por más inofensivo que fuera el contexto de un bar de videojuegos, los escenarios de estar encerrado en el cuarto de un bar, con el dueño y un amigo suyo, con varios seguidores afuera y que nadie más supiera que estaba ahí lograron intimidar a Lego. Como periodista, sabía utilizar las palabras y las circunstancias para escapar con los puños limpios y la cara intacta. La primera regla era escuchar.


Así que asintió en silencio, se reclinó en su silla y asintió. Rojo apagó su cigarro y pidió la cajetilla al Rubio. Después que ésta voló de unas manos a otra, el dueño jugueteó con ella sobre el escritorio.


—Podría apostarte mil varos a que nunca has oído del Proyecto Líderes. Y otros mil a que antes de esta noche, la Liga del Centro no te sonaba ni a fonda.


—Pues los ganarías —dijo Lego, tratando de mostrar más calma de la que sentía.


El Rojo encendió otro cigarro, recargó los brazos sobre la mesa.


—Tú y yo empezamos a jugar casi al mismo tiempo, de seguro. Yo también juego desde primera y no la he dejado. No había entonces organizaciones como ahora, te acordarás. Sin internet, sin celulares, cualquier intento de organizarse hubiera sido un desmadre. Pero como quiera, cuando este siglo había empezado, un güey tuvo una idea. Este morro decía que podíamos vivir en un mundo muy parecido al del juego, donde a cada rato hubiera retas y los entrenadores te salieran hasta de abajo de las piedras. Ahora, ponle tú, si querías retar a un güey que vivía del otro lado de la ciudad… a los doce años… estaba cabrón, ¿no? Pero algunos lo hacían. Así, de boca a boca, tú sabías que en tal lado había uno que jugaba muy chingón y todos querían partirle su madre. Pero, ¿pa’ qué chingados querías cruzar la ciudad por una pinche batalla, si casi nadie iba a saber? Por eso, este morrito empezó el Proyecto Líderes.


—Azul —dijo el Rubio tomando asiento finalmente—. A este chavo le decimos Azul.


—Le pusieron Azul desde entonces, porque con esa versión se rifaba como los grandes. El caso es que el Proyecto Líderes era para hacer una especie de gimnasios por toda la ciudad. Azul le empezó a decir “la Región Central”. Juntó a los chavitos que éramos los más buenos e hicimos un torneo. Quedamos, entonces, ocho líderes de gimnasio, sin liga pokémon. Azul era el octavo líder porque nos partió la madre a todos.


Tantos años y Legolas jamás se había enterado de este supuesto proyecto. Aunque sonaba disparatado, en el fondo, su corazón de niño se lamentaba de no haber podido formar parte, le hubiera encantado ser un líder de gimnasio como jugaba a serlo en la primaria.


—Te estoy hablando del año dos mil, más o menos. Ya había salido la segunda generación, pero nadie la jugaba bien. Cuando empezaron a llegar los entrenadores de metal, Azul tuvo que reorganizar la liga para darles lugar. Era eso o echárselos encima, pero el cabrón siempre ha sido muy listo. Otro torneo y otros ocho líderes, pero ahora sí con liga pokémon. Todavía me acuerdo, la última pelea no se hizo, y era entre Azul y otro cabrón. Azul se retiró sin empezar, dijo que seguía queriendo el octavo gimnasio y el otro que se quedara de campeón de la liga. ¿Entiendes por qué?


—No.


—Azul nos decía que lo chingón era tener gimnasios y un mundo organizado, no ser invencibles. Ganar es poca madre, pero lo mejor es tener un nombre sin importar que ganes o pierdas —se terminó la cerveza de un trago—. El pedo es que muy pocos retaban a los gimnasios. Estábamos muy chavos. Y todo empezó a valer madres con la tercera generación. Como quieras, primera y segunda llegaban a ser compatibles de algún modo, pero la tercera… Azul quiso reorganizar pero ya pocos le hacían caso. Empezaron a salir grupos por todos lados, cada grupo con su “liga” y con sus “líderes”. Pero ya sólo representaban grupos en internet, o banditas en cierta colonia, en cierta escuela. La idea de Azul, de que fuera en la ciudad,  de la “Región Central”, valió queso. A chingar a su madre.


Rojo apagó el cigarro en el fondo del cenicero y Rubio alargó la mano para tomar uno.


—¿Y ahí lo dejaron? ¿No siguieron? —Lego estaba intrigado.


—Imagínate, si la tercera generación se cogió al proyecto, la cuarta se la removió —Rojo se carcajeo tosiendo—. Ahora se conectaban por internet, ¿ya quién chingados iba querer salir de su casa para una reta? ‘Ora no sabes ni contra quién juegas, no le ves los ojos, no le sientes los nervios, no le sonríes. Pa’ mí es como jugar contra otro pinche monito en el juego.


—Hubo otros grupos que se supieron adaptar —dijo el Rubio con la voz ronca—. Más que ligas, hicieron grupos. Información, intercambios, eventos especiales, encuentros. Convivencia, pues.


—Sí, pero eso no es lo que quería Azul. Estos son grupos en función de un juego. Azul quería un mundo en función del juego.


—Pero eso está… complicado —intervino Lego.


—Pu’s sí. Eso frustró el Proyecto Líderes. Azul estuvo así de mandar todo a la chingada.


—¿Y entonces?


—Renovarse o morir, cabrón. Replanteó el mentado Proyecto Líderes. En lugar de pelearse con las otras generaciones, fue a buscarlas. La Liga del Centro es un grupo que este güey hizo para seguir (como quien dice) con el legado del proyecto. En lugar de ocho líderes de gimnasio, puso un líder por versión, y cada generación es una liga.


—Entenderás que las ligas más activas son las de cuarta y quinta generación, por obvios motivos —dijo el Rubio apurando las últimas gotas de whisky.


—Por eso es chingón encontrar a alguien de segunda.


Rojo sonrió. Una carga en la espalda de Lego desapareció y fue suplantada por otra más grande que, en parte, era emoción.


—Osea… Plata es un líder de gimnasio.


—No les decimos gimnasios. Es un líder y ya. Pero sí, es uno.


—¿Y hay otros de las versiones Oro y Cristal?


—Y uno de ellos tres es el campeón de la liga de segunda generación —terminó el Rubio.


Rojo fumó complacido, de nuevo con las botas en el escritorio.


—Osea… que los puedo retar.


—Osea que quiero que les ganes, cabrón —enfatizó Rojo—. El pedo con el Proyecto Líderes es que Azul no le hizo la difusión que otros grupos sí supieron hacer. Si tú te chingas a los líderes de segunda generación te llevas varo, medalla y reconocimiento. Vas y le dices a otros acerca de ellos y el boca a boca regresa.


—¿Y por qué ustedes no se hacen publicidad?


—¿Quién nos va a tomar en serio? —Rojo sonreía como si la respuesta fuera obvia—. Van a creer que somos una liga más, otro grupito en internet.


—Bueno, entonces ¿qué hay de especial con ustedes?


—¿Has visto que otros grupos tengan su centro de juegos clandestinos? —escupió—. Cámara, si quieres que haya gimnasios, ponle tú que El Gengar es uno de ellos.


—¿Y por qué me dices a mí?


—Porque eres nuevo. Porque juegas segunda y la juegas bien. Yo digo, si te interesa, si no, a la verga con mi plan y sin pedos tú y yo. Pero eso sí, cabrón, nosotros sabemos recompensar a los buenos entrenadores.


El cigarro se hundió bajo los dedos callosos de Rojo. El Rubio giraba el vaso old fashion entre los dedos y miró indiferente a Lego, a quien la idea no le desagradaba del todo. Finalmente, no tenía nada que perder.


—Lo voy a pensar —dijo—. Pero yo creo que sí.


—¡Eso, chinga! —Rojo manoteó la mesa y, cigarro en mano, tomó de uno de sus cajones una hoja de papel—. Son direcciones. Aquí están marcados los tres líderes de la segunda generación. Rétalos en el orden que quieras, eso sí, deja que Plata se enfríe un poco. Si los vences, te decimos quién es el campeón.


—¿Y cuando venza a uno qué hago?


—Nosotros vamos a saber. Créeme —y encendió el cigarro—. Pu’s ‘ora sí ya puedes irte. Y acá te esperamos, el barman ya no te la va a armar de a pedo, le dices tu nombre y ya.


El Rubio abrió la puerta cuando Lego se levantó y un silbido de Rojo los congeló a los dos.


—Pérate, pérate… le debes quinientos al Plata —Lego tomó su cartera y con dolor sustrajo un billete de doscientos y tres de cien, y los dejó caer sobre la mesa tratando de que su molestia no se notara. Rojo agarró los billetes estrujándolos y se dirigió al Rubio—. ¿Tú tienes algo que hacer ahorita?


El Rubio lo miró en silencio y luego se volvió a Lego.


—Tú puedes regresarte solo, ¿no?


—Sí… de aquí al metrobús… y ya…


—Pues nos seguimos hablando. Y suerte —terminó señalando la hoja con las direcciones de los líderes, después cerró la puerta tras Lego.


Para su sopresa, en la puerta del centro, Chimalltlin lo esperaba sentado a una mesa. Frente a él, una soda con jarabe sudaba en frío por el hielo. En cuanto lo vio, le tendió un billete.


—No son tus cinco varos, pero te conseguí doscientos.


—¿A mí? ¿Cómo?


—Aposté en tu contra —Chimalltlin sonrió con simpatía—. Luego me los pasas, o los apostamos en una reta cuando gustes. ¿Te dijeron lo de los líderes?


—¿A ti también?


—Hace como tres semanas.


—¿Y les hiciste caso?


—Está perrón, ¿no? Es como si estuvieras dentro del juego.


Fugazmente, Lego tuvo un retroceso al sueño que esa mañana lo había levantado. Un entrenador de verdad.


—El pedo es ese canijo de tu amigo —Chimalltlin apuntó con la soda a la oficina de Rojo—. Ya le gané a los otros, pero él nomás no se deja.


—¿El Rubio?


—Sí. Hijo de la fregada. Si pierdes contra uno, tienes que ganarle a todos otra vez. Pero el otro sábado, ya sé cómo darle la vuelta. Tú vas a jugar en segunda generación, ¿no?


—Ehm… sí… aunque…


—A huevo. La segunda es chingona. Tiene la simpatía de los clásicos. Toma.


De todos los gestos que esa noche le generaron desconfianza a Lego, aquel donde un muchacho le extendía un billete sin pedirle nada a cambio fue el que menos le inquieto. Le agradaba, pese a sí mismo, la cordialidad del entrenador.


—Ahí si quieres que alguien te acompañe a retarlos, te anoto mi celular —y le dio un papel—. Me laten las peleas de segunda generación. Y más con estos cabrones.


Y con la soda en la mano, se encaminó al pasillo, de vuelta al Gar.


—Yo ya  me voy —dijo Lego.


—Suerte, entonces.


—¡Oye! —con toda la información, un detalle se había escapado de la mente de Lego—. ¿Cómo supiste que tenía un Mewtwo en mi cartucho?


Chimalltlin le sonrió y le extendió la mano.


—Ni yo lo sé. Digamos que eso se siente. ¡Nos vemos! —y se entró de nuevo al bar, dejando a Lego con sus pensamientos y sus dudas sobre el Proyecto Líderes, dudas que lo acompañaron a la avenida, al metrobús, a la puerta de su casa, su cena y su cama.


Y fue de esos momentos en que uno siente que sus sueños y su día no son simplemente una coincidencia.





—Te la mamas, pinche Rubio.


—¿Por qué?


—No te hagas pendejo —la sonrisa tenía el mismo matiz sardónico que la noche anterior con Oro—. A este cabrón ni lo conoces.


—No sabía que tenían que ser amigos de años.


—Pero tampoco al primer güey que te encuentres en la calle con un Game Boy.


—Lo conozco del periódico.


—Ni has peleado con él, Rubio. ¿Cómo mediste que valía para el proyecto?


—Tú tampoco peleaste con él, y aún así le ofreciste ser retador.


—De no ser por el pinche Plata ni lo habríamos visto —se levantó y fumó con los ojos muy fijos en los del Rubio—. ¿Qué te traes, cabroncito?


—Si no da el ancho, ya, ni modo, traigo otro.


—¿Quieres ser tú el que pruebe la Pokésfera, verdad?


—¿Y por qué no?


Tan tranquilo como siempre, le tendió la mano a Rojo y éste le cedió la cajetilla.


—Porque Azul dice que no. ¿Tienes algún pedo con él?


—Ninguno que tenga que ver con el Proyecto, lo sabes.


—Entonces tú ya no te preocupes de nada. Ya no busques entrenadores. Con los que están podemos.


—¿Y si ninguno da el ancho?


Rojo volvió a sentarse.


—¿Tú también tienes pedos con el Proyecto P?


—Ninguno. Sólo que es nuestro proyecto. No tenemos por qué meter a otros.


—A huevo que sí —y Rojo apagó el cigarro estrujándolo en su mano—. Donde uno nos salga más cabrón que bonito, el Proyecto P va a ser un tiro por la culata.


—Por eso hay que probarlo entre nosotros.


—Si tanto culo te da, te puedes ir calmando. Ya lo están probando.


—¿Quién?


—Azul. Después de lo que pasó con Oro, le metió huevos al aparato. Dice que a partir de hoy, la primer Pokésfera va a funcionar.











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Interesados en el Proyecto Líderes: Un inicial. Un legendario. No Máx. Stat. *7843737 368727* 3456